Esto, sin embargo, no debe ser motivo para desdeƱar el argumento sobre las contradicciones inherentes del capitalismo y las crisis que derivan de su funcionamiento. En la crĆtica al sistema capitalista no hay reemplazo teórico al marxismo.
Los proponentes del capitalismo plantean que es un sistema económico de alta racionalidad, que se fundamenta en la libertad de la fuerza de trabajo que se cotiza en salarios, los empresarios planifican y calculan para triunfar en la competencia, y el Estado es garante del funcionamiento mediante un sistema de incentivos y requerimientos.
Dentro de esta concepción, los mĆ”s aptos se benefician por una ley fundamental del sistema capitalista: la competencia y la competitividad; mientras la “mano invisible” garantiza la igualdad de oportunidades y el bienestar de todos los dispuestos a participar con su esfuerzo.
El marxismo ha criticado insistentemente esa versión clĆ”sica e idĆlica del capitalismo. Resalta por el contrario la explotación y la expoliación como caracterĆsticas esenciales del sistema. Desde esta perspectiva, la competencia no promueve la igualdad ni la mejorĆa porque la mano de obra es explotada, y la competitividad opera en beneficio de los mĆ”s poderosos en el intercambio económico.
En la realidad, el sistema capitalista tiene elementos de ambas perspectivas. Es un sistema que se fundamenta en la racionalidad competitiva y requiere de leyes que garanticen la competitividad entre los agentes económicos como ha postulado el liberalismo clÔsico. Pero también es un sistema de explotación y expoliación como ha planteado el marxismo, y aquà entra la especulación.
Cuando el presidente Leonel FernÔndez se queja de la especulación en los precios del petróleo y los alimentos, y plantea la necesidad de una campaña internacional contra los altos precios, participa de la retórica neopopulista, pero sus aprestos no pasan del plano retórico.
Primero, ni el presidente FernÔndez ni la República Dominicana tienen fuerza internacional para ser interlocutores vÔlidos en una cruzada mundial contra la especulación capitalista.
Segundo, el presidente FernĆ”ndez no ha tomado medidas importantes en RepĆŗblica Dominicana para frenar la especulación. Por ejemplo, si los precios de los alimentos importados son altos, esta serĆa una situación muy favorable para promover la producción domĆ©stica, ya que los productores locales no tendrĆan que competir con productores externos que puedan inundar el mercado dominicano de productos baratos.
Tercero, el sistema capitalista siempre encuentra en algĆŗn sector de la economĆa la forma de acumulación rĆ”pida y magnificada. En aƱos anteriores, el llamado boom del sector vivienda ofreció esas posibilidades, pero todos los booms terminan, y el de la vivienda concluyó con la crisis financiera que explotó en Estados Unidos en el aƱo 2007.
La polĆtica de devaluación del dólar que ha impulsado el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos para enfrentar la crisis económica norteamericana, unida a la creciente demanda de petróleo y alimentos en el mundo, son las razones principales del aumento de los precios en esos renglones. Estas condiciones crean tambiĆ©n una situación favorable para la especulación porque los inversionistas cotizan caro en las bolsas de valores los precios futuros de esos productos.
Para que los precios bajen, Estados Unidos tendrĆa que hacer mĆ”s restrictiva su polĆtica monetaria para revaluar el dólar y los productores tendrĆan que producir mĆ”s para satisfacer a menores precios la demanda mundial.
La especulación capitalista no se frena con discursos sino con acciones concretas.
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