Hay personas a las que les encantan que les abracen. Otras a las que menos. Dos psicólogas nos explican qué tiene ese contacto físico para ayudar a relajarnos.
¿A quién no le gusta un abrazo? El contacto físico suele ser buscado, reconforta, nos hace sentirnos bien y parte de una comunidad. Bien es cierto que hay a quien el contacto físico no le apasiona pero lo cierto es que la psicología lo avala: abrazar nos produce placer, nos hace sentir seguros y nos ayuda a reducir el estrés.
Cuando abrazamos a alguien (o
nos abrazan) se segrega oxitocina, la hormona del amor, explica Raquel
Tomé López, neuropsicóloga y directora del Centro Guía de Psicoterapia
y Psicología de Madrid. En la misma línea se pronuncia Elena Herráez Collado, psicóloga y directora del
Centro Sanitario Psikigai Psicología, de Leganés: “La clave está en la
neuroquímica: con los abrazos se liberan oxitocina, serotonina y
dopamina, hormonas encargadas de mejorar el estado de ánimo y
aportar una sensación de placer en el organismo. Además, tienen un efecto
directo en la disminución del cortisol, lo
que influye en la reducción del estrés”.
Según los estudios
científicos, relata Herráez, un abrazo bien dado “activa el sistema
parasimpático, responsable de enviar al cuerpo la sensación de
relajación, ralentizando el ritmo cardíaco, la presión
arterial y desactivando la respuesta de alerta”.
El primer abrazo, en el
nacimiento
Los abrazos despiertan
nuestras emociones. Tomé explica que es el primer lenguaje no verbal
que procesamos a través del cuerpo y del sistema nervioso. Tras el
nacimiento la madre abraza a su bebé. “Es a través del contacto afectivo táctil
con el cuerpo del bebé que la madre segrega oxitocina”. Este
proceso químico es tan poderoso que también “provoca la reacción de subida de
la leche materna y favorece la creación de un vínculo
temprano lo que incrementa la posibilidad de supervivencia. En el bebé
provoca un efecto balsámico y le ayuda a procesar el estrés de
la experiencia del parto y a adaptarse al mundo”.
El impacto psicológico del
abrazo
Los abrazos transmiten
aceptación, apoyo, cercanía, cariño, amor, sensualidad y cercanía emocional.
“Estos factores reducen la sensación subjetiva de amenaza, algo especialmente
importante en momentos de estrés”, apunta Tomé.
Eso sí, el beneficio subjetivo
que experimentamos depende también de quien nos abrace. Tomé explica que
cualquier abrazo suele tener un efecto balsámico y positivo, pero
el vínculo que tengamos con la otra persona hace que un abrazo sea más
eficaz que otro. “Un abrazo no sólo es un estímulo táctil, sino tiene un
significado relacional”. Según la neuropsicóloga, en un abrazo puede haber
muchos mensajes implícitos:
- La importancia que
una persona tiene para ti.
- La sensación de seguridad, de
apego, de protección, de comprensión mutua, etc.
“De hecho, se ha demostrado
que cuanto más significativo es el vínculo más liberación de oxitocina se
genera en el cuerpo”.
Abrazos contra el estrés
¿Cuánto tiempo tiene que durar
un abrazo para que realmente nos haga sentir bien? ¿Sirve con uno rápido de
saludo o debe prolongarse? Dice Tomé, que para que la oxitocina comience a
liberarse el abrazo debe durar por lo menos 8 segundos. No
obstante, hay estudios científicos que dicen que por lo menos hay que
abrazarse durante 20 segundos para que ese contacto nos haga sentir
mejor.
Herráez puntualiza que esa
secreción de serotonina y la dopamina, contribuyen a aumentar el bienestar y a
mejorar el estado de ánimo. “Tienen, incluso, un efecto analgésico. Además,
causan una sensación de placer que promueve que queramos repetir la
experiencia”.
Niños y rabietas
Los niños también se
benefician de este efecto reparador que tienen los abrazos. Cuando sienten una gran
intensidad emocional que desencadena una rabieta, su cerebro no tiene
la madurez necesaria para regularse por sí mismo. Cuando esa intensidad
emocional baja, Tomé explica que es el momento de abrazar al niño: “Es más
fácil conseguir cuando está más tranquilo que organice sus emociones,
que le ayudemos a comprenderlas y de esta manera ir enseñándole regularse
emocionalmente”.
Un abrazo ayudará a que su
sistema nervioso vuelva a la cama, se validen sus emociones y poco a poco se
relaje sintiendo seguridad y amor.
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