Abril: Mes de la Prevención del Abuso Infantil
Autora: Amerling Libanesa Pérez Martínez
Psicóloga Educativa
En el marco de abril, mes de la prevención del abuso infantil, es necesario alzar la voz no solo para sensibilizar, sino también para cuestionar las respuestas institucionales ante las denuncias que involucran a poblaciones vulnerables.
Resulta preocupante que, en muchos casos de
denuncias por abuso contra niños, niñas y adolescentes, las respuestas sean
tardías, insuficientes o marcadas por la duda excesiva. Cada denuncia infantil
debería activar mecanismos inmediatos de protección e investigación, porque
detrás de cada palabra hay una posible situación de riesgo que no puede
esperar.
Al mismo tiempo, como sociedad, observamos cómo en
otros tipos de violencia, como la ejercida en el ámbito de pareja, las
autoridades pueden actuar con mayor rapidez mediante medidas preventivas. Estas
acciones son necesarias para proteger a las víctimas. Sin embargo, esto nos
invita a reflexionar: ¿estamos garantizando el mismo sentido de urgencia y
protección cuando quienes denuncian son niños y niñas?
No se trata de restar importancia a ninguna forma
de violencia, sino de exigir coherencia, equilibrio y, sobre todo, compromiso.
Toda denuncia debe ser investigada con seriedad, pero también debe ser atendida
con sensibilidad y prontitud. En el caso de la niñez, esto implica creer,
proteger y actuar, sin exponerles a procesos que prolonguen su sufrimiento o
pongan en duda su palabra sin fundamentos.
No actuar también es una forma de violencia.
Retrasar una investigación o ignorar una denuncia es permitir que el daño
continúe. Las instituciones no pueden convertirse en espacios donde las
víctimas tengan que demostrar, una y otra vez, que su dolor es real.
Abril debe ser más que una fecha en el calendario.
Debe ser un recordatorio permanente de que la protección de la niñez es una
responsabilidad colectiva. Es urgente fortalecer los procesos de atención,
garantizar respuestas oportunas y asegurar que cada caso reciba la importancia
que merece.
Porque cuando una denuncia no es atendida con la
urgencia debida, se falla a la víctima, a su familia y a toda la sociedad.
El silencio no protege.
La indiferencia también lastima.
Y la justicia que no llega a tiempo, deja huellas
profundas.
Reflexión en el marco de la prevención y protección
de la niñez.

0 Comentarios