Por: Farmacéutico
El trastorno conocido como Hipoclorhidria se caracteriza por la falta de ácido clorhídrico en el estómago, necesario para la digestión de los alimentos y el aprovechamiento de ciertos nutrientes.
El estómago es uno de los órganos más sorprendentes de nuestro cuerpo. Es capaz
de soportar niveles de pH muy bajos, que para otros tejidos serían dañinos, y
realizar funciones gracias a las cuales podemos nutrir cada una de nuestras
células. Sin embargo, el estómago, como otros órganos, sufre el paso del tiempo;
por ello, y por otras razones, se disminuye la secreción del ácido clorhídrico.
La fermentación y la putrefacción por una inadecuada digestión generan
hinchazón, problemas de ritmo intestinal, intoxicación interna y sobrecarga
hepatobiliar.
Necesidad de acidez
La transformación de los hidratos de carbono comienza en la boca con la acción de la ptialina presente en la saliva. La masticación realiza una transformación mecánica que, además de disgregar los alimentos en trozos más pequeños, los mezcla con la saliva. Por ello es tan importante masticar bien. Una vez que hemos masticado y mezclado los alimentos con saliva, pasan al esófago y llegan al estómago.
El estómago es un órgano maravilloso preparado para soportar niveles de pH muy
bajos y ácidos, tanto como lo crea la presencia de ácido clorhídrico en el jugo
gástrico. El HCI se segrega cuando los alimentos llegan al estómago, y tiene
diversas funciones:
1.
apoya la función de la pepsina
2.
actúa sobre las proteínas que hemos ingerido
desnaturalizándolas, es decir, destruyendo su conformación para que puedan ser
liberados los aminoácidos en el proceso digestivo
3.
ayuda en la digestión de los polisacáridos o
hidratos de carbono
4.
colabora para mantener un medio lo más aséptico
posible para protegernos de organismos patógenos
La pepsina segregada en el estómago actúa sobre las proteínas, pero para ello
necesita un cierto nivel de acidez que genera la presencia de ácido
clorhídrico; es decir, que sin ácido clorhídrico suficiente, las proteínas
pasarán hacia el intestino delgado sin haber sido suficientemente
transformadas, por lo que pueden generar putrefacción. Por otra parte, los
hidratos de carbono que tampoco son convenientemente modificados, continúan
igualmente su tránsito hacia el intestino con mayor probabilidad de
fermentación.
Los jugos gástricos, como en una cadena de reacciones, apoyan el inicio de
liberación de bilis desde la vesícula biliar que actuará sobre los lípidos y
realizará acciones antisépticas. Sin suficiente cantidad de bilis o sin una
adecuada liberación de la misma, existe fisiológicamente mayor probabilidad de
que se formen cálculos biliares y daño hepatobiliar en general. Por otra parte,
el páncreas tampoco es estimulado, y los jugos pancreáticos son insuficientes, la
amilasa pancreática no puede actuar debidamente sobre los hidratos de carbono.
Por último, la asociación de jugo pancreático y de bilis no es adecuada: no se
pueden digerir bien los lípidos.
Podríamos resumir diciendo que cuando falla o es insuficiente el primer eslabón
esencial de la cadena digestiva, el ácido clorhídrico, el resto puede fallar y
los nutrientes básicos se quedan sin ser extraídos de los alimentos; además,
ciertas vitaminas como la B12 tampoco se pueden crear, no se asimilan bien los
minerales como el hierro, el calcio, el zinc, el magnesio, etc.
Causas de la hipoclorhidria
Entre las causas, hoy en día encontramos como punto
principal el estrés. Éste hace que los procesos digestivos no sean
prioritarios, y nuestro organismo cree que estamos en una huída continua ante
un terrible acontecimiento, así que no hace falta digerir… sino salir
corriendo. Si alguna vez ha sufrido un «corte de digestión» por un disgusto,
sabe a lo que nos referimos.
Un problema hipofisiario puede debilitar la secreción de
jugos gástricos y, por tanto, minimizar la presencia de HCI en el estómago. El
abuso de antiácidos convencionales e inhibidores de protones contrarrestan la
acción del ácido clorhídrico que es necesario para la digestión. El
hipotiroidismo, la deficiencia de vitaminas del grupo B o la ingesta excesiva
de carbohidratos son otras de las causas de deficiencia de ácido clorhídrico.
El envejecimiento afecta a todo el organismo y disminuye la secreción de
hormonas. Asimismo, la capacidad de formar y liberar jugo gástrico que contiene
HCI también disminuye, por lo que lo previsible es que las personas de edad
avanzada tengan hipoclorhidria. A partir de los 35 años disminuye la secreción
natural de HCI.
Consecuencias de una insuficiente cantidad de
ácido clorhídrico
- Dolor
e hinchazón epigástrica, digestiones lentas, hinchazón abdominal.
- Debilidad,
cansancio.
- Debilidad
muscular.
- Trastornos
neurológicos o nerviosos debidos a la falta de vitaminas como la B12
- Trastornos
tróficos debido a la falta de hierro y posible anemia.
- Uñas
quebradizas o estriadas, pelo débil.
- Debilidad
ósea, osteoporosis.
- Mayor
posibilidad de gastroenteritis infecciosas
- Intolerancias
alimentarias y alergias.
- Tasas
de triglicéridos y colesterol elevadas.
- Cálculos
biliares.
- Trastornos
cardiovasculares.
Prueba casera para detectar la hipoclorhidria
Para determinar si tienes el nivel de acidez
adecuado en tu estómago solo debes seguir la siguiente pauta:
- Diluye
una cucharadita de bicarbonato en un vaso de agua tibia y tómatelo en
ayunas.
- Si
eructas antes de tres minutos, tu acidez es correcta.
- Si
lo haces después de cuatro minutos, sospecha hipoclorhidria.
Suplementación en casos de baja acidez
Los especialistas y los estudios demuestran que una
suplementación con 324mg de betaína-HCI durante las comidas ayuda a tener el
ácido clorhídrico que nuestro organismo no segrega convenientemente. Además, si
se asocia con 5mg de pepsina, emulamos el jugo gástrico.
Para un mejor funcionamiento de estos suplementos y una
mejor recuperación del organismo, es conveniente asociar una fórmula
multivitamínica o, al menos, un suplemento con las vitaminas del grupo B. La
betaína-HCI con las vitaminas del grupo B y el ácido fálico pueden ayudar a que
se generen menores niveles de homocisteína, un aminoácido ligado a mayor
probabilidad de afecciones cardiovasculares.
Por otra parte, se ayuda a cuidar del bienestar hepatobiliar, previniendo o
disminuyendo la formación de cálculos biliares. El intestino se puede
beneficiar de las acciones antisépticas conjuntas del ácido clorhídrico y de la
bilis, previniendo infecciones intestinales que pueden transmitirse a otros
órganos. Tejidos como las uñas, el pelo o los huesos se pue-den fortalecer, y además,
la suplementación ayuda a mejorar los resultados de la práctica deportiva, ya
que el aprovechamiento de las proteínas y de los hidratos de carbono es mejor,
lo cual significa que se extraen de forma óptima de los alimentos los
aminoácidos necesarios para crear, mantener y reparar los músculos, tendones y
ligamentos, y, a la par, el soporte energético del organismo está optimizado.
En conclusión, sabemos que no es lo mismo alimentarse que nutrirse, y una
hipoclorhidria representa precisamente ese concepto: podemos comer los
alimentos de mejor calidad, pero si no tenemos suficiente HCI en nuestro
estómago, nuestras células estarán hambrientas como si no nos alimentáramos
porque los nutrientes no llegan, y nuestro organismo se irá cargando de toxinas
debido a los alimentos mal digeridos.
Fuente: https://www.blogdefarmacia.com/



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