Tanto en los individuos como en las
naciones: el respeto al derecho ajeno es la paz» Benito Juárez
Las sociedades modernas nos
han proporcionado tecnologías y herramientas que facilitan la vida del ser
humano. Cuanto más desarrollada y moderna es una ciudad, hay mayor crecimiento
urbanístico, trayendo consigo la vida agitada, la reducción de tiempo y el
menoscabo de las relaciones humanas.
Estos grandes adelantos han
revertido el orden de las cosas, siendo el deterioro familiar la consecuencia
más trágica. Hoy día los esposos son extraños, no se comunican, los hijos
tienen más confianza en el personal de servicio doméstico que en sus propios
padres, la televisión, la computadora y los demás dispositivos de comunicación
son sus guías, y todo esto sumado a la globalización, que ha traído consigo el
aumento de la conflictividad social y la complejidad para solucionarla.
Todos coinciden y demandan mayor
inversión y mejor calidad en la educación; entendemos de la importancia de este
reclamo. Pero la verdad es que sin una base sólida de educación de hogar sería
insuficiente y quizás hasta imposible formar ciudadanos responsables y honestos
con principios éticos y morales. Siendo los hijos los más afectados, es tiempo
de que reflexionemos y trabajemos para revertir el retroceso familiar,
reflejado en los problemas sociales, cada vez más complicados.
La filosofía cristiana que nos
heredara el más grande ser humano entre los grande, Jesucristo, con su
principal doctrina, los diez mandamientos, vienen a darnos luz, guía y
esperanza frente al deterioro social y a la crisis mundial.
Pues la situación socio política,
económica, cultural y ambiental de nuestra República Dominicana exige de forma
inmediata la participación y el involucramiento de todos, para la búsqueda de
respuestas y soluciones a los conflictos que nos afectan, como son: la crisis
de valores que nos están llevando al colapso.
La familia está en crisis, la
iglesia está en crisis, la moral está en crisis, el patriotismo está en crisis,
la civilización está en crisis, la valentía está en crisis, los políticos están
en crisis, los partidos están en crisis, el medio ambiente está en crisis, el
Estado está en crisis, la migración está en crisis, las instituciones públicas
están en crisis, la gente está en crisis y todo lo demás está en crisis.
Por todo eso, es urgente ir al
rescate de la conciencia en cada familia, de los padres, de los hijos, de los
hermanos. La familia es la institución más importante de toda sociedad, es por
ello la premura de ir en su auxilio. Reflexionemos, (…)
En el siguiente escrito anónimo
queremos destacar excelentes consejos y orientaciones que nos pueden ayudar
tanto a padres como a hijos que en el mañana se convertirán en padres:
“La percepción que tenemos de
nuestros padres:
4 años: Mi papá puede hacer de todo.
5 años: Mi papá sabe un montón.
6 años: Mi papá es más inteligente
que el tuyo.
8 años: Mi papá lo sabe exactamente
todo.
10 años: En la época en que papá
creció las cosas seguramente eran distintas.
12 años: Oh, bueno, claro, mi padre
no sabe nada de eso. Es demasiado viejo para recordar su infancia.
14 años: No le hagas caso a mi
viejo. Es tan anticuado!
21 años: ¿Él? Por favor, está fuera
de onda, sin recuperación posible.
25 años: Papá sabe un poco de eso,
pero no puede ser de otra manera puesto que ya tiene sus años.
30 años: Tal vez deberíamos
preguntarle a papá qué le parece después de todo, tiene mucha experiencia.
35 años: No voy a hacer nada hasta
no hablar con papá.
40 años: Me pregunto cómo habría
manejado esto papá. Era muy inteligente y tenía una enorme experiencia.
50 años: Daría cualquier cosa porque
papá estuviera aquí para poder hablar esto con él. Lástima que no valoré lo
inteligente que era, podría haber aprendido mucho de él.
Los buenos padres:
- Los buenos padres no le dan a su
hijo todo lo que necesita. Le enseñan que él es capaz de conseguir lo que
quiere.
- Los buenos padres no buscan hacer
feliz a su hijo. Le enseñan que la felicidad depende de cada uno.
- Los buenos padres no le dan
oportunidades a su hijo. Le enseñan a buscarlas, a crearlas y a aprovecharlas.
- Los buenos padres no le dan a su
hijo lo mejor para que sea feliz. Le enseñan a disfrutar y a encontrar lo
mejor, aún en lo más sencillo.
- Los buenos padres no le enseñan a
su hijo a superar siempre a los demás. Le enseñan a superarse a sí mismo.
- Los buenos padres no le enseñan a
su hijo a decir todo lo que piensa. Le enseñan que lo que pensamos no es la
verdad absoluta y que debemos ser cautelosos al expresar nuestras opiniones,
teniendo en cuenta los sentimientos de los demás.
- Los buenos padres no le resuelven
los problemas a su hijo. Le enseñan a asumir la responsabilidad y a aprender de
sus errores.
- Los buenos padres no le enseñan a
sus hijos a evitar los fracasos. Le muestran que el fracaso es parte del camino
hacia el éxito.
- Los buenos padres no convencen a
su hijo de su importancia en la sociedad. Le enseñan que sirviendo se volverá
importante para ella.
- Los buenos padres no le enseñan a
su hijo a ser crítico y resentido ante las injusticias. Le enseñan a contribuir
en paz y a construir la justicia.”
El profesor brasileño Roberto
Candelori refuerza estas orientaciones con un interesante planteamiento del
médico psiquiatra Carlos Hecktheuer, anhelando la dureza de nuestros
ascendientes y su forma de crianza, que dio tan buenos resultados, haciendo un
llamado de acuerdo a la percepción de los hijos de que hacen falta los padres
malos.
Los Padres malos desde la ópticas de
los hijos, pero que realmente son excelentes padres, pero que solo podrán
comprobarlo cuando sean padres también:
“Un día, cuando mis hijos estén lo
suficientemente crecidos para entender la lógica que motiva a los padres y
madres, yo habré de decirles:
• Los amé lo suficiente como para
haberles preguntado a dónde iban, con quién iban y a qué hora regresarían.
• Los amé lo suficiente para no
haberme quedado callado y para hacerles saber, aunque no les gustara, que aquél
nuevo amigo no era buena compañía.
• Los amé lo suficiente para
hacerles pagar las golosinas que tomaron del supermercado o las revistas del
expendio, y hacerles decir al dueñ Nosotros nos llevamos esto ayer y queremos
pagarlo.
• Los amé lo suficiente como para
haber permanecido de pie dos horas, junto a ustedes, mientras limpiaban su
cuarto, tarea que yo habría hecho en 15 minutos.
• Los amé lo suficiente para
dejarles ver además del amor que sentía por ustedes, la decepción y también las
lágrimas en mis ojos.
• Los amé lo suficiente para
dejarlos asumir la responsabilidad de sus acciones, aún cuando las penalidades
eran tan duras que me partían el corazón.
• Y ante todo, los amé lo suficiente
para decirles NO, cuando sabía que ustedes podrían odiarme por eso (y en
algunos momentos sé que me odiaron).
• Ésas eran las batallas más
difíciles de todas. Estoy contento, vencí… porque al final ustedes ganaron
también!
• Y cualquiera de estos días, cuando
mis nietos hayan crecido lo suficiente para entender la lógica que motiva a los
padres y madres, cuando ellos les pregunten si sus padres eran malos, mis hijos
les dirán:
“Sí, nuestros padres eran malos.
Eran los padres más malos del mundo… Los otros chicos comían golosinas en el
desayuno y nosotros teníamos que comer cereales, huevos y tostadas.”
“Los otros chicos bebían gaseosas y
comían papas fritas y helados en el almuerzo y nosotros teníamos que comer
arroz, carne, verduras y frutas.”
“Mamá y Papa tenía que saber quiénes
eran nuestros amigos y qué hacíamos con ellos.”
“Insistían en que le dijéramos con
quién íbamos a salir, aunque demoráramos apenas una hora o menos. Ellos nos
insistían siempre para que le dijéramos siempre la verdad y nada más que la
verdad.”
“Y cuando éramos adolescentes, no sé
cómo, hasta conseguían leernos el pensamiento.”
¡Nuestra vida sí que era pesada!
“que nuestros amigos nos tocaran el
claxon para que saliéramos; tenían que bajar, tocar la puerta y entrar para que
ella los conociera.”
“A los 12 años, todos podían volver
tarde por la noche, nosotros tuvimos que esperar como hasta los 16 para poder
hacerlo, y aquellos pesados se levantaban para saber si la fiesta había estado
buena (sólo para ver en qué estado nos encontrábamos al volver).”
Por culpa de nuestros padres, nos
perdimos inmensas experiencias en la adolescencia.
Ninguno de nosotros estuvo envuelto
en problema de drogas, robos, actos de vandalismo, violación de propiedad, ni
estuvimos presos por ningún crimen.
¡Todo fue culpa de ellos!”
Ahora que somos adultos, honestos y
educados, estamos haciendo lo mejor para ser “Padres malos”, como fueron
nuestros padres.
Yo creo que este es uno de los males
del mundo de hoy: No hay suficientes padres malos!¡Aquéllos que ya son padres,
que no se culpen, y aquéllos que lo serán, que esto les sirva como una alerta!”
Me siento motivado y comprometido
hacer un llamado y recomendar a todas las personas en especial a los maestros
para que juntos a sus alumnos analicen y reflexionen sobre estos sabios
consejos y así los adolescentes puedan comprender mejor a sus padres.
“Un buen padre vale por cien
maestros.” Jean Jacques Rousseau.
Infoseguridad007@gmail.com
@JTtaveras
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