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El pacto de la oposición es contra el continuismo

CARLOS CANDELARIO 7:01 a.m.

Derrotar al PLD es la megameta de la oposición. Terminar con la racha de las derrotas. La Convergencia es la plataforma ideal.  Pero luce muy  debil, tímida y lenta. Al ritmo que marchan es difícil y remota  la posibilidad de triunfo. Ignoran que su enemigo común es uno sólo: el PLD.  

Llevan dos años sin avanzar, roncando, perdiendo el  tiempo,  porque no hay una clara política de alianzas. Necesitan un discurso más contundente y  bases claras de las alianzas tácticas y estratégicas.  La unidad requiere  negociadores  más  sagaces. Tiburones, buitres de  la política,  que persigan  la unidad  con hambre de poder. Y que vean  con claridad meridiana  que hay dos posibles  escenarios políticos en el 2016: primera y  segunda  vueltas.
Después  de doce años  como gobernante impopular, con la criminalidad política al más  alto nivel, en 1978, Joaquín Balaguer intentó seguir en el poder y buscar su cuarta reelección. José  Francisco Peña Gomez, entonces el  más visionario y audaz lider político del país, articuló el Acuerdo de Santiago, con Antonio Guzmán a la cabeza y Elias Wessin Wessin como candidato vicepresidencial.  
Allí estaban  juntos manzos y cimarrones, el Movimiento Popular Dominicano (MPD), junto al Partido Quisqueyano Demócrata (PQD) y su lider,  Wesssin y Wessin, jefe del CEFA  en la Guerra de Abril de 1965. Es decir, el Acuerdo de Santiago integró fuerzas de la izquierda y la derecha. Mientras Juan Bosch decía que aquello  sería “otro matadero electoral”,  Peña Gómez lanzaba la oposición a las calles y movilizaba a miles de dominicanos contra el continuismo y la corrupción balaguerista. Guardando las distancias, estamos en una coyuntura similar.
Un partido oficialista que cumplirá 12 años en el poder, y cuya ala ultraderechista  saturó el país de corrupción, entregó las riquezas nacionales, como la mina de oro de Cotui, regalada a la Barrick Gold. Un ala ultraconservadora que arrabalizó más la frontera, abriendo la entrada masiva al inmigrante ilegal haitiano y al narcotráfico internacional, y que destruyó  el  sistema judicial, profundizó  la crisis de los apagones y el  transporte público, hundió a muchos sectores de clase media en la pobreza y aumentó la pobreza extrema a más del 40 por ciento de la población dominicana,  unos 6 millones de ciudadanos.
Sin la presencia en el Estado de Danilo Medina en los últimos dos años y sus grandes esfuerzos por  remediar la crisis, el PLD estuviera en ruinas, hundido en el descrédito. Es por eso que  hay una enorme distancia entre la popularidad  de  Medina y la impopularidad del sector ultraderechista del partido gobernante.  Bajo 16 años de unipartidismo, la Nación muestra muy pocos avances y  enormes  precariedades.
 Más miseria acumulada sobre la clase media baja,  y  mucho más enfermedad y pobreza  extrema sobre toda la población. La inequidad social multiplicó las drogas, el sicariato, el crimen. Y  la oposición ronca su largo sueño,   más dividida, Urge un pacto unitario para derrotar al PLD, bajo un programa mínimo. Una figura fresca  como candidato presidencial y en las candituras congresuales y municipals.
Urge menos liderazgo de television y menos blandenguerias.  Opositores  aguerridos  que lancen las masas descontentas a  las calles, como solía  hacerlo Peña Gomez,  para mostrar fuerza y forzar la  unidad. Si es que la oposición  quiere  de verdad  reconquistar  el poder  y derrotar el continuismo


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