Alguien afirmó atinadamente que “somos lo que pensamos, no lo que pensamos que somos”.
Con esto decimos que una persona no es lo que ella se imagina ser, sino, simplemente, su manera de pensar.
Bien lo escribió René Descartes, en sus meditaciones publicadas en su obra “Pasiones del alma”, que “nada era atribuible al alma fuera de nuestros pensamientos”.
Por esta y muchas razones debemos ser cuidadosos con nuestra mente, pues cada pensamiento es registrado como una causa y cada condición como un efecto. Y en este juego natural, si queremos determinados resultados, debemos de cuidar el tipo de pensamiento que dejamos procesar en el cerebro.
Tengamos presente que si anhelamos prosperidad, por citar un ejemplo, debemos eliminar los pensamientos de pobreza, limitaciones y falta de confianza, al mismo tiempo que descartamos lo negativo, cultivamos ideas de abundancia, esperanza y éxito.
Como lo cita Frank Liz en su libro “Un millonario dentro de ti”: “Si pretende cambiar lo que le rodea, haga hincapié en sus deseos y en la génesis de ellos para que comience la vida que realmente anhela, con objetivos que le hagan feliz hoy y mañana. Controlemos nuestro pensamiento y lograremos cualquier meta”.
Esto no es ser idealista, es simplemente estar consciente que el pensamiento es tan poderoso que puede transformar el mundo.
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