Según las últimas encuestas de salud publicadas en 2025, el 14,6% de la población mayor de 15 años presentaba un cuadro depresivo, con un 8% en forma severa y un riesgo de sufrirla de dos a tres veces mayor en mujeres que en hombres. Unas cifras que no dejan de crecer.
La depresión es un problema de
salud cada vez más importante en nuestro país. Según las últimas encuestas de
salud publicadas en 2025, el 14,6% de la población mayor de 15 años
presentaba un cuadro depresivo, con un 8% en forma severa y un riesgo de
sufrirla de dos a tres veces mayor en mujeres que en hombres. Unas cifras que
no dejan de crecer. Respecto a 2020, la depresión grave ha aumentado un 5,5 y
los cuadros depresivos en general un 3,7. Estos datos cuentan los casos
diagnosticados pero hay que recordar que muchas personas sufren
depresión pero no tienen un diagnóstico. Alrededor del 50% de las
personas con depresión en España no están diagnosticadas ni reciben
tratamiento, y, de los que sí reciben terapia, entre el 10% y 30% no responden
a ella, mientras que otro 15% nunca inicia ese tratamiento.
Por tanto se trata de un
problema de salud que sufren personas de nuestro en torno. De hecho, ¿quién no
conoce o ha conocido a alguien en esta situación? Como explica Sara
Sarmiento, psicóloga, psicoanalista y terapeuta EMDR especializada
en trauma, apego y dependencia emocional , “la depresión no es
solo tristeza, que es lo que suele pensar la gente que no la ha
vivido, sino un conjunto de síntomas que dejan a la persona en un estado de
desconexión con el mundo exterior”.
La experta destaca, entre los
síntomas más comunes los siguientes:
- Tristeza profunda
- Pérdida de interés por actividades que
antes le producían placer y que ahora no consigue disfrutar
- Cansancio extremo
- Sensación de no tener fuerzas para
realizar las tareas más simples y cotidianas
- Cambios en el patrón de sueño y del
apetito
- Sentimientos de culpa, inutilidad o
fracaso
- Pensamientos catastróficos o negativos
sobre sí mismo, los demás, la vida y el futuro.
Las causas son múltiples,
indica, desde “trauma infantil; aislamiento y falta de apoyo social hasta
estrés sostenido durante mucho tiempo que acaba colapsando el sistema
nervioso”.
Aunque no siempre es fácil
detectar o sospechar de personas en depresión, sí hay signos evidentes de que
algo no va bien. Así, por ejemplo, informa Sarmiento, un signo claro es cuando
desde fuera, los que estamos alrededor, “vemos un cambio en su forma de
actuar o presentarse al mundo”. Si vemos, indica, acciones como que la persona
“deja de hacer actividades que antes le gustaban; que descuida su salud
física, emocional o su higiene personal; que se aísla de sus seres
queridos; que come de forma compulsiva o no come en absoluto, o que no cuenta
sus problemas cuando antes sí lo hacía”. Esto debería alertarnos.
Por otro lado, también es
importante fijarse en lo físico. “A nivel corporal también podemos detectar
cambios como que su mirada se va a apagando, el tono de voz se vuelve
plano, su postura se encorva, adelgaza o engorda de forma no habitual”. Es,
señala, “importante fijarse en esto porque el cuerpo habla antes que las
palabras”.
Qué no debemos decir a una
personas con depresión
Si alguien en nuestro entorno
está en esta situación y sufre una depresión diagnosticada o no, es clave
empatizar y saber cómo podemos ayudar a que se encuentre mejor y a mejorar su calidad
de vida. Sin embargo, es habitual realizar comentarios que pueden herir a estos
pacientes. En opinión de la experta, “lo más dañino es ir hacia los
extremos y responsabilizar a la persona de su depresión o tratarla como una
víctima que no puede hacer nada”. Esto hay que evitarlo a toda costa. Como
también hay que evitar frases como:
- No es para tanto
- Tienes que cambiar de actitud
- Sé positivo
- Anímate
- Hay gente que tiene problemas más graves
que los tuyos.
Frases como estas “no
suelen ayudar, pero tampoco ayuda no hacer nada”, resalta.
Aunque la depresión no se
supera con frases motivacionales ni consejos rápidos sino que necesita de un
profesional que trabaje en comprender qué es lo que se le está activando a esa
persona, si es cierto que hay frases que sí hay frases o cosas que
podemos hacer.
En opinión de la experta,
“lo mejor que podemos hacer para ayudar a una persona con depresión es
estar a su lado, sin juzgar”.
Así, “podemos decirle cosas
como estoy aquí si me necesitas, puedes contarme lo que quieras cuando así lo
sientas, no te voy a juzgar, quizás no entienda lo que estás pasando,
pero te escucharé con respeto”. Es importante, en todo momento, “no presionar
sus tiempos y respetar su proceso”.
Por otro lado, algo
que funciona muy bien si la persona lo permite, es lo sencillo:
- Pasear y exponerse a la luz del sol,
porque es un antidepresivo natural.
- Ayudarla a hacer las tareas domésticas,
pero sin sustituirla, ya que la activación corporal es muy
beneficiosa.
- Animarla a retomar actividades que le
gustaban o le den propósito vital.
- Hacer planes donde haya descanso y
regulación del sistema nervioso.
- Cerrar situaciones de su vida cotidiana
que la puedan estar deprimiendo, como un trabajo, un jefe, o la sobrecarga
personal y familiar sin apoyo.
Frases que deben alertarnos
Dicho esto, otra forma de
ayudar es estar atento a frases que puedan alertar de que algo no va bien, más
allá del comportamiento físico de la persona con depresión. Hay que “tomar en
serio cualquier señal de peligro de suicidio, como frases del tipo”:
- No veo salida
- Ojala todo acabara
- No puedo más con este dolor
En este caso, recuerda, “es
urgente animar a la persona a ir a terapia, sin forzarla, diciéndole
frases del tipo mereces un espacio donde realmente haya personas preparadas
para ayudarte”.
Es importante tener en cuenta
en todo momento que “hablar de suicido no aumenta el riesgo, sino que lo
disminuye”.
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