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Conozca esta interesante historia “Hay que confiar y mantener la calma”

Andrea Camila Vega Ruiz

Andrea Camila, hoy de dos años, fue operada de corazón abierto a los dos días de nacida

Por Marga Parés Arroyo / mpares@elnuevodia.com
Nació a las 36 semanas de gestación y el color morado en su piel alertó a todos de que algo andaba mal. Los médicos no tardaron en detectar el problema: Andrea Camila Vega Ruiz había nacido con una condición cardiaca congénita (transposición de los grandes vasos o arterias) que requería intervención médica urgente.

Del hospital San Carlos Borromeo, en Moca, fue trasladada al San Lucas (Ponce) y luego al Centro Cardiovascular, donde, a los dos días de nacida,  fue operada de corazón abierto,  por el doctor Cid Quintana. El esfuerzo para salvarle la vida fue titánico.
“Estos niños nacen morados porque la sangre no se oxigena bien y necesitan ser operados de inmediato para hacerle un arterial switch. Por eso se operó tan pequeña”, dijo la doctora Alicia Fernández Sein, pediatra intensivista del Hospital Pediátrico de Río Piedras, quien recalcó que esta es una de las condiciones congénitas cardiacas más frecuentes.
Pero los problemas médicos de Andrea Camila no terminaron ahí. Los médicos notaron que la pequeña tenía levantado parte del abdomen e identificaron una masa cerca del hígado.
A las dos semanas de la intervención la niña fue operada nuevamente, esta vez  para extirparle el tumor, que  resultó ser benigno.

Secuela de problemas
Tras la segunda operación, la dificultad respiratoria que presentó Andrea Camila requirió mantenerla en un ventilador  mecánico durante casi dos meses. Luego, se contagió con una bacteria en la sangre.
“Todo niño a esa edad  tiene problemas de inmunodeficiencia porque aún no tienen defensas. Hay un riesgo mayor de desarrollar problemas de infección y respiratorios, pero la familia aguantó (el viacrucis) y la niña peleó y aguantó todo eso (el tratamiento médico). Debió ser una prueba grande para la familia”, recalcó Fernández Sein.
Luego de  altas y bajas en su salud, incluyendo un paro cardiorrespiratorio, la pequeña fue dada de alta a los cinco meses de nacida. Fue entonces cuando Andrea Camila finalmente fue llevada  a su hogar en Aguada.
Dificultades familiares
“Andrea nació en octubre y pasamos con ella en Intensivo durante Acción de Gracias, Navidad, Despedida de Año y Reyes. Fue bien difícil, especialmente porque  somos de Aguada y teníamos que cuidar a nuestro otro hijo”, dijo Saritza Ruiz, la madre de la pequeña, quien actualmente tiene tres hijos, el más pequeño de solo seis meses de nacido.
Durante casi un mes, los padres de la pequeña se hospedaron en la Casa Ronald McDonald, donde les dan albergue a familias y pacientes que viven lejos del área metropolitana. Después, viajaban diariamente desde Aguada para ver a la pequeña todos los días en horas de visita. Más tarde, se quedaron en casa de un familiar en Río Piedras.
“Esto es algo que ninguna madre espera, especialmente después de un embarazo normal. Es difícil”, dijo Ruiz, quien recalcó que, además del apoyo de familiares  y amistades, el factor  religioso fue trascendental en el proceso.
Según explicó,  aunque inicialmente la familia tenía una cubierta médica privada, por el alto costo del tratamiento médico tuvo que solicitar la cubierta catastrófica  que provee el Plan de Salud del Gobierno, lo que la ayudó a enfrentar la situación de Andrea Camila.
Este continúa  asistiendo a la familia  en los cuidados médicos de la niña.
Confianza médica
Otro aspecto clave que ayudó a Ruiz  a sobrellevar el proceso fue la relación de confianza y afecto que desarrolló con el personal médico que atendía a Andrea Camila.
“Hicimos un  equipo”
“Hay que confiar (en los médicos) y tratar de mantener la calma”, dijo Ruiz, quien recalcó que los lazos que forjó con el personal médico continúan, al punto de que varias enfermeras y doctoras viajaron hasta Aguada cuando la pequeña cumplió su primer añito.
“Hicimos un buen equipo. Es bien importante cuando el médico  siente que tiene el apoyo familiar porque todo el que estudia medicina lo hace para  ayudar a salvar vidas”, sostuvo Fernández Sein.
Tras superar sus problemas médicos iniciales, Andrea Camila –a sus dos años– luce  como una inquieta infante.
Sin embargo, recibe  terapias  –física, del habla y ocupacional– cuatro veces a la semana y  enfrenta problemas motores a raíz de un diagnóstico de perlesía cerebral leve.
“Uno se identifica con casos como este porque la niña es una luchadora, además de que recibimos todo el apoyo de sus papás. Esto es un arte, ¡pero mira qué bordado más precioso!”, recalcó Fernández Sein. 

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