Emitir malos olores
Sin duda
alguna, la higiene o, en este caso, la mala higiene personal con sus
inevitables “escapes” de malos olores, se lleva la palma entre las cosas más
bochornosas de la vida en pareja. La boca, los pies, las zonas íntimas o las
axilas, todas son potenciales fuentes de olores desagradables. Esto no es nuevo
para nadie, el problema surge cuando el otro se da cuenta y ninguna excusa es
buena para justificarse. No hay nada más antierótico para romper el encanto de
una noche de amor.
Producir ruidos molestos
Pisándole los
talones a la número uno, esta ocuparía el segundo puesto de las cosas más
incómodas en una pareja de enamorados. Algunos ruidos corporales son
inevitables, naturales y fisiológicos pero emitirlos delante de nuestra pareja
no queda muy bonito, y mucho menos romántico. El príncipe azul con el que
soñábamos de niñas o la chica sexy de la discoteca no debería relajarse ni un
segundo en este aspecto, de lo contrario corre el riesgo de romper ese halo de
magia que les rodea.
Tener que disculparse por haber utilizado el dinero común
Pensar que un
nuevo par de zapatos o un taladro de percusión con multitud de accesorios son
realmente imprescindibles para el bien del hogar es pensar demasiado,
especialmente si el dinero proviene de esa cuenta que abristeis hace tiempo a
nombre de los dos. Lo más vergonzoso de todo es tener que admitir haber sido
víctimas de un ataque de consumismo desenfrenado y acabar en medio de una
discusión acalorada sobre la “utilidad” de dicho objeto. Todo en la vida es
relativo, aún así, ante la duda, mejor pedirle al otro su opinión.
No tener intimidad a la hora de ir al baño
El ajetreo
diario nos impone un ritmo de vida cada vez más frenético pero el momento de ir
al baño sigue siendo sagrado. Incluso si la pareja tiene mucha confianza, el
bochorno de satisfacer nuestras necesidades más básicas en compañía puede ser
grande y la magia del príncipe azul y de la chica sexy puede desaparecer de un
plumazo.
Confundirse de nombre
Una de las
peores cosas que pueden pasar en una pareja (ya consolidada o todavía en sus
primeras citas) es, sin lugar a dudas, llamar al otro por un nombre que no es
el suyo sino el de nuestro ex o el de aquel amigo tan sexy. ¿Cómo justificar un
error así? Podemos intentar quitarle hierro al asunto y bromear sobre lo
ocurrido pero lo más probable es que un lapsus de este calibre acabe apagando
cualquier pasión, sentimiento o fantasía.
Quedarse dormido durante el sexo
No te rías
con sorna, sucede más a menudo de lo que piensas. Tiempos de crisis, trabajos
estresantes, turnos eternos y un sinfín de obligaciones cotidianas pueden hacer
que un momento tan intenso como debería ser el sexo pueda crear situaciones
incómodas. ¿Qué pensará el otro, tan concentrado en dar lo mejor de sí entre
las sábanas, cuando no escuche gemidos sino ronquidos? ¿Cómo escapar del
bochorno de dormirse en pleno acto? Se aceptan sugerencias, pero mientras tanto
es mejor que vayamos preparándonos un café.
Saltarse la cita con la esteticista
El efecto
piel de bebé suele ser bastante más agradable que la sensación de acariciar un
kiwi... El puesto número siete lo ocupan esos momentos en los que ella se
olvida de pedir cita en la esteticista y se presenta a un encuentro en el
llamado “Modo Kiwi”. No importa el lugar, en las piernas, debajo de los brazos
o en las ingles, el pelo ya no está de moda y apaga cualquier pasión.
Fingir el orgasmo
Fingir en la
cama es (desgraciadamente) una práctica muy común entre las parejas, tanto en
aquellas consolidadas como en aquellas que se acaban de conocer. No pasa nada
(relativamente) mientras el otro no se dé cuenta. Los sudores fríos aparecen
cuando el otro pregunta sospechoso “¿No habrás fingido? Lo mejor sería no
fingir (¡aunque a veces no haya otra alternativa!) pero si finges, ¡hazlo bien!
No estar de humor
Directamente
relacionada con la número ocho, cuando esto pasa se presencian disculpas y
pretextos de lo más variopinto. El dolor de cabeza es el rey de las excusas a
la hora de evitar tener sexo, seguida de cerca por el cansancio acumulado de un
largo día de trabajo. Admitir no tener ganas sería mucho más fácil pero iría en
contra de la imagen de macho/chica sexy que se quiere conservar, y aunque
reconocer no estar de humor es un poco embarazoso, mucho peor es no dar la
talla por falta de pasión.
Posiciones eróticas, pero incomodísimas
Reconozcámoslo,
esas parejas apasionadas de las películas porno que improvisan posiciones
dignas del circo no son reales. Las películas cuentan con los dobles y con el
montaje postproducción, y la penetración es una simulación, así que, intentar
reproducir las mismas posturas en la vida real es una hazaña tan imposible como
embarazoso. Por ejemplo, hacerlo en la ducha solo funciona si no hay mucha
diferencia de estatura y dar rienda suelta a la pasión sobre la mesa de la
cocina no es precisamente cómodo si tenemos en cuenta la dureza del material y
las rozaduras y dolores de espalda que puede causar… ¿Por qué pasar apuros
intentando recrear escenas de cine? Somos simples mortales, con nuestros
límites. ¡Aceptémoslos!
0 Comentarios