Una crisis que exige atención más urgente
La situación de la salud mental en República Dominicana requiere atención. De lo socio-económico depende lo socio-emocional. «Mal como no piensa» dice el pueblo. Falta de cuchara y estrés debido a que todo y nada, es una fórmula peligrosa (TUMBA GOBIERNO) aunque tenga un año. Luis Abinader sigue creyendo en los números de la FAO. ¿No ve noticias serias será?
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Autor: Cesarin Leonardo Febles M.A
Estas palabras, cargadas de frustración parecerían
sarcásticas, pero más bien, reflejan el sentir de muchos dominicanos ante una
crisis de salud mental que ha cobrado visibilidad en los últimos meses. El
mensaje, acompañado de emojis que enfatizan la urgencia y el descontento, pone
el dedo en la llaga: la salud mental no es solo un problema individual, sino un
reflejo de las condiciones socioeconómicas, el estrés cotidiano y la aparente
desconexión de las autoridades. En un país donde el 20% de la población padece
algún trastorno mental, según datos históricos de la Organización Panamericana
de la Salud (OPS), los recientes eventos violentos y las carencias en el
sistema de atención han puesto este tema en el centro del debate.
Un caso que estremeció al país ocurrió el 23 de julio de
2025 en el condominio Dorado IV, en el ensanche Naco. Jean Andrés Pumarol
Fernández, de 30 años, atacó a los residentes con un cuchillo, matando a Ivonne
Handal, de 70 años, e hiriendo a cinco personas más. Informes preliminares
sugieren que el agresor presentaba alteraciones psicológicas, un recordatorio
de cómo la falta de atención puede derivar en tragedias.
Otro suceso desgarrador tuvo lugar apenas el pasado 24 de
agosto, cuando Mildred fue asesinada y descuartizada por su hermano José
Guerrero Quezada en Santiago Rodríguez, un feminicidio que ha reavivado las
discusiones sobre la salud mental y la violencia intrafamiliar. A estos se suma
el caso de una madre en el Ensanche Isabelita que, envenenó a sus tres hijos
antes de quitarse la vida, un acto que ha sido vinculado a problemas
emocionales no atendidos.
La pandemia, la pobreza y las inequidades sociales y las
crecientes faltas de oportunidades han exacerbado esta crisis. El gobierno,
bajo la dirección del presidente Luis Abinader, ha reconocido la deuda social
en este ámbito y, en agosto de 2025, anunció un plan nacional de salud mental
que busca integrar prevención, atención comunitaria y servicios especializados.
Sin embargo, la implementación sigue siendo lenta, y la línea “Cuida tu Salud
Mental”, que ha atendido a más de 15,000 personas desde diciembre 2024, no
cubre la demanda creciente.
El estigma, la escasez de profesionales y el acceso
limitado a servicios en zonas rurales agravan la situación, mientras el estrés
económico y la falta de recursos básicos alimentan un círculo vicioso de
ansiedad y depresión.
Frente a esta realidad, otros países ofrecen lecciones
valiosas. Cinco medidas probadas podrían inspirar soluciones en República
Dominicana:
Integración en atención primaria: Canadá ha implementado
programas que incorporan servicios de salud mental en centros comunitarios, un
modelo que podría descentralizar la atención en RD.
Campañas contra el estigma: Australia, con su iniciativa
“Beyond Blue”, ha reducido el tabú alrededor de los trastornos mentales
mediante educación pública, una estrategia replicable aquí.
Líneas de ayuda 24/7: Japón ha disminuido tasas de suicidio
con líneas de asistencia constantes, un refuerzo necesario para la línea
dominicana.
Intervención escolar: Países escandinavos promueven la
resiliencia en niños a través de programas educativos, algo que podría prevenir
problemas futuros en RD.
Terapias accesibles: El Reino Unido ofrece servicios de
terapia psicológica a bajo costo mediante el NHS, un enfoque que podría
ampliarse con apoyo internacional.
Ojalá, a alguno de los genios palacielos se le ocurra hacer
uno de sus acostumbrados copy/paste a otras de estas y aplique algunas medidas
y se puedan emular esas buenas prácticas que han dejado buenos resultados en
los países citados.
Es hora de que la sociedad dominicana y su gobierno
prioricen la salud mental como un pilar de seguridad y bienestar. Más allá de
los números optimistas, se necesitan acciones concretas que escuchen al pueblo
y rompan con la fórmula peligrosa de indiferencia. Cuidar la mente es cuidar la
vida.
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