El calor obliga al cuerpo a hacer un esfuerzo extra para regular su temperatura y eso repercute en la energía y el rendimiento físico. Un entrenador indica qué estrategias pueden ayudar a mantener la rutina deportiva durante los meses más calurosos.
Entrenar siempre cuesta; pero en verano, más. Con el
termómetro cerca de marcar o superando los 40 grados, lo que menos apetece es
hacer ejercicio. “Muchas personas sienten que les cuesta más entrenar. Les
falta energía, sudan más, rinden peor y, en algunos casos, incluso
pueden notar mareos o sensación de debilidad”, señala José
Ruiz, entrenador personal y creador del proyecto Malagaentrena.
El experto recuerda que cuando suben las
temperaturas, el organismo tiene que hacer un esfuerzo extra para mantener
estable su temperatura interna, es decir, además de moverse y entrenar, el
cuerpo está trabajando para refrigerarse. En concreto, con el calor,
los vasos sanguíneos se dilatan: “Esto ocurre para facilitar la pérdida de
temperatura corporal a través de la piel”.
El problema, advierte Ruiz, es que, al dilatarse las venas,
las arterias y los capilares, puede producirse una bajada de tensión arterial.
“Cuando esto sucede, es normal sentirse con menos energía, con más
pesadez o con peor capacidad para entrenar”, subraya el experto, quien
añade que a esto se suma el hecho de que el cuerpo activa la sudoración como
mecanismo de refrigeración. En este sentido, aclara que “sudar no significa que
la grasa se esté ‘derritiendo’”.
La sudoración es simplemente una forma que tiene el organismo
de expulsar líquido a la piel para que, al evaporarse, ayude a bajar la
temperatura corporal. Eso sí, “este proceso también consume energía y
líquidos. Por eso, cuando entrenamos con 30 o 35 grados, el cuerpo reparte
recursos entre rendir físicamente y evitar el sobrecalentamiento”, indica.
¿Cuáles son las mejores horas para entrenar en verano?
Como asegura Ruiz, lo ideal es entrenar a primera
hora de la mañana o a última de la tarde. “En esos momentos, la temperatura
suele ser más baja, el cuerpo tolera mejor el esfuerzo y el rendimiento suele
ser mayor. Entrenar al mediodía o en las horas centrales del día no suele ser
buena idea, especialmente si se hace al aire libre. Si no queda otra
opción, lo recomendable es buscar sombra, buena ventilación y evitar sesiones
muy intensas”, aconseja.
El experto en fitness pone como referencia entrenar
con temperaturas cercanas a los 20-25 grados: “Suele ser mucho más
tolerable que hacerlo por encima de los 28 o 30 grados, donde el riesgo de
fatiga y sobrecalentamiento aumenta”.
La alimentación también influye en la energía
En verano no solo afecta el calor, también cambia mucho la
forma en la que comemos. No es lo mismo entrenar después de una comida copiosa,
rica en grasas y difícil de digerir, que hacerlo después de una comida más
ligera, con fruta, alimentos frescos y buena hidratación, recuerda Ruiz, quien
explica que con las comidas copiosas, el cuerpo destina mucha energía a la
digestión. “Si a eso le sumas calor, humedad y entrenamiento, es normal
sentirte más lento y con menos vitalidad”, agrega.
Por eso, el
especialista prioriza:
- La fruta.
- Las verduras.
- Proteínas ligeras.
- Hidratación
suficiente.
- Comidas
menos grasientas antes de entrenar.
El descanso en verano, clave
Las altas temperaturas son las culpables de que descansemos
peor durante los meses estivales. Además, como declara Ruiz, “hay más horas de
luz, las noches son más cortas, nos acostamos más tarde, salimos más, comemos
diferente y muchas veces llegamos a la cama con sensación de calor”.
Todo esto afecta directamente a la recuperación: “Si duermes
mal, al día siguiente te levantas cansado. Si te levantas cansado, entrenas
peor. Y si entrenas peor durante varias semanas, es fácil perder la
rutina”.
En este punto, una estrategia sencilla a la que alude el
entrenador y que puede ayudar mucho es ducharse por la noche con agua templada
o ligeramente fresca. Esto ayuda a bajar la temperatura corporal y
puede favorecer la entrada en el descanso.
Fuente: https://cuidateplus.marca.com/
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