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Mareos en verano: cuándo esconden un problema neurológico


Joanna Guillén Valera

No todos los mareos tienen el mismo origen y no todos son benignos. Es importante saber cuándo acudir a un experto para descartar un problema neurológico que, en ocasiones, puede ser grave.

 

El verano es una de las épocas del año en las que aumentan las consultas relacionadas con mareos, con la sensación de inestabilidad, con los vértigos y con problemas de equilibrio. Esto es así, en parte, por las altas temperaturas, la pérdida de líquidos a través del sudor, las bajadas de tensión arterial y los cambios bruscos de temperatura que favorecen la aparición de estos síntomas, especialmente en personas mayores, pacientes con enfermedades cardiovasculares o quienes presentan trastornos previos del oído interno. 

Sin embargo, no todos tienen el mismo origen y no todos los mareos son benignos. Es importante saber cuándo acudir a un experto para descartar un problema neurológico que, en ocasiones, puede ser grave. 

Es cierto que la mayoría de los episodios suelen estar relacionados con causas benignas y transitorias, algunos pueden ser la manifestación de alteraciones neurológicas o vestibulares que requieren una evaluación especializada. Luis Carlos López Viejo, médico de familia del Hospital Universitario Los Madroños, recuerda la importancia de identificar las señales de alarma y consultar con un especialista cuando los síntomas persisten, se repiten o se acompañan de otros signos neurológicos.

Causas de los mareos

Entre las principales causas de los mareos en verano, el experto destaca una: “El calor, que favorece la deshidratación y las bajadas de tensión”. Y es que, como informa, “las altas temperaturas provocan una mayor pérdida de líquidos y de sales minerales a través de la sudoración y cuando la hidratación no es suficiente, disminuye el volumen sanguíneo lo que puede derivar en una reducción de la presión arterial, dificultando que llegue suficiente flujo sanguíneo al cerebro”. Esto puede traducirse en sensación de mareo, debilidad, visión borrosa, cansancio o desmayos, especialmente al levantarse de forma brusca o tras una exposición prolongada al calor.

Como explica el experto, “la mayoría de casos de este tipo se resuelven corrigiendo la causa, pero es importante no normalizarlos cuando son recurrentes o intensos”.

Otra causa son los vértigos que no son lo mismo que mareos aunque suelen utilizarse como sinónimos. El mareo, indica el médico, “suele describirse como una sensación de aturdimiento, inestabilidad o desvanecimiento inminente, mientras que el vértigo provoca la sensación de que el entorno gira o se mueve cuando en realidad está quieto”. Se trata, indica, “de un síntoma que suele estar relacionado con alteraciones del sistema vestibular, localizado en el oído interno, encargado de controlar el equilibrio”.

Distinguir ambos síntomas es clave para orientar correctamente el diagnóstico, así como entender qué es el sistema vestibular. Y es que, como señala López, “algunas patologías frecuentes, como el vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB), la neuritis vestibular o la enfermedad de Ménière, pueden provocar episodios intensos de vértigo, náuseas, inestabilidad y dificultad para caminar”.

Aunque estas alteraciones pueden aparecer en cualquier momento del año, “durante los meses estivales algunos pacientes refieren un empeoramiento de los síntomas favorecido por la deshidratación, el cansancio, los cambios en las rutinas de sueño o las variaciones de presión”, explica.

Cuándo puede indicar un problema neurológico

Estas son algunas causas que pueden producir mareos y las más habituales pero es importante saber que los trastornos del equilibrio también tienen su origen en el sistema nervioso central y no solo en el oído interno. Por eso, es importante saber que “el mareo o el vértigo acompañados de otros síntomas como dificultad para hablar, pérdida de fuerza en una extremidad, alteraciones visuales, problemas para coordinar movimientos, pérdida de sensibilidad o cefalea intensa y repentina requieren una valoración médica urgente”, avisa el experto.

Estos síntomas pueden relacionarse con enfermedades neurológicas como:

  • Ictus
  • Determinadas lesiones cerebrales 
  • Trastornos neurodegenerativos que afectan al control del equilibrio.

“El mareo aislado rara vez indica una enfermedad neurológica grave, pero cuando se acompaña de otros síntomas neurológicos o aparece de forma repentina e intensa es importante acudir a un servicio médico con urgencia”, señala López Viejo.

Cómo prevenir los mareos

Para prevenir los mareos es importante seguir una serie de recomendaciones como:

  • Mantener una correcta hidratación
  • Evitar la exposición prolongada al calor
  • Limitar el consumo de alcohol
  • Levantarse de forma gradual tras permanecer sentado o tumbado 
  • Controlar adecuadamente la tensión arterial 

Estas son algunas de las medidas que ayudan a reducir el riesgo de sufrir mareos durante el verano.

Además, “las personas que padecen vértigos recurrentes, alteraciones vestibulares o trastornos neurológicos previos deberían extremar las precauciones durante los meses de más calor y seguir las recomendaciones de sus especialistas”.

Ante episodios persistentes o repetidos de mareo, vértigo o pérdida de equilibrio, “una valoración médica permite identificar la causa y establecer el tratamiento más adecuado para evitar complicaciones y mejorar la calidad de vida del paciente”, concluye.

Fuente: https://cuidateplus.marca.com/

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