El pasado 20 de abril, a las 3:53 p. m., ocurrió un acontecimiento trascendental en nuestras vidas. Mi madre, doña Elsa Veras, partió físicamente de esta dimensión terrenal, pero trascendió a la vida eterna, a la vida espiritual.
Mi madre fue una mujer de fe, trabajadora, firme, amorosa, solidaria y una excelente madre. Una guerrera que, a pesar de sus raíces de escasos recursos, no se limitó y luchó para formar a sus hijos con valores como la honestidad, el trabajo, la fe cristiana, la humildad y la cercanía. Disfrutaba visitar a los enfermos y cocinar para sus seres queridos, siempre con amor.
Ya cumplió su misión, y estamos conformes con los valores que nos inculcó y con el apoyo moral que brindó a nuestros proyectos. Ahora, con más fe, seguiremos honrándola, haciendo lo que a ella le gustaba: servir a los demás de manera desinteresada.
Hago un llamado a las personas que aún tienen a su madre viva: cuídenla, protéjanla, abrázenla y creen momentos de calidad con sus seres queridos. Esta vida es solo un instante; por eso, motivo a priorizar el ser sobre el tener.
Gracias a Dios por la vida y el legado de mi madre. Gracias a todas las personas que nos han acompañado en este momento de dolor.
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