Por: Alejandro Segalás
Tienen un origen genético común pero sus caminos son
diferentes y es que la creatividad sin posibilidad de desarrollarla pierde su
efecto.
Hay tópicos que se instalan en lo más profundo de nuestra
sociedad y es muy complicado desmontarlos. Uno de ellos es ese pensamiento que
siempre ha relacionado a las personas con problemas de salud mental con la
genialidad artística. Cierto es que ha habido grandes artistas que se han visto
afectados por problemas de salud mental, pero no es la norma. La ciencia
demuestra que tienen una relación genética, pero no determinante.
Investigadores islandeses publicaron en Nature Neuroscience un artículo
en el que algunos de los genes que aumentan el riesgo de esquizofrenia y
trastorno bipolar también se asocian con una mayor creatividad.
En este sentido, Josep
Antoni Ramos Quiroga, vicepresidente de la Sociedad Española de Psiquiatría y
Salud Mental (SEPSM) defiende que sí que hay una relación real entre
creatividad y salud mental, aunque mucho más pequeña y mucho más matizada de lo
que sugiere el tópico popular. “Este estudio islandés encontró que las personas
con mayor carga genética asociada a la esquizofrenia y al trastorno bipolar
tenían algo más de probabilidad de pertenecer a asociaciones artísticas o
dedicarse a profesiones creativas. Es un hallazgo sólido y se ha replicado
en otros países. Pero esa carga genética explicaba menos del 0,4% de las
diferencias entre unas personas y otras. Es decir, que, si usted conoce el
perfil genético de alguien, no puede predecir absolutamente nada sobre si va a
ser pintor, músico o escritor”, detalla. Ramos especifica que lo que sí
demuestra el estudio es que la genética de la creatividad y la de estos
trastornos se solapan un poco, no que una cosa lleve a la otra.
El vicepresidente de la SEPSM remarca que también es
importante puntualizar que la enfermedad mental grave no hace a nadie más
creativo. “En pleno episodio psicótico, en una manía o en una depresión
profunda, la producción artística no aumenta, se derrumba. Lo que las
biografías nos han contado durante siglos es una selección muy sesgada. Se
recuerda a Van Gogh y no a los miles de personas con el mismo diagnóstico que
no pudieron pintar nada”, asegura.
Ramos explica que lo que parece es que hay es un origen
común entre creatividad y problemas de salud mental, ya que ciertas
variantes genéticas empujan a la vez hacia dos cosas distintas: hacia rasgos
que favorecen la creatividad (como curiosidad, apertura mental, tolerancia a la
ambigüedad, capacidad de asociar ideas alejadas entre sí) y hacia una mayor
vulnerabilidad psiquiátrica.
“No es que una cause la otra, sino que comparten una
raíz común, al menos en parte. Una carga genética moderada puede
acompañarse de una forma de pensar más flexible y original. Cuando esa carga
cruza cierto umbral y aparece la enfermedad, esas ventajas desaparecen y lo que
puede quedar es sufrimiento y discapacidad”, advierte.
Sociedades artísticas
Según el estudio, las personas con mayor riesgo genético de
estos trastornos tienen significativamente más probabilidades de pertenecer a
sociedades artísticas o de ejercer profesiones creativas. El vicepresidente de
la SEPSM especifica que estar apuntado a una sociedad artística no es una
medida de talento, sino un dato administrativo. Eso sí, Ramos añade que el
dato más revelador viene de los registros suecos, que siguieron a más de un
millón de pacientes.
“El resultado fue casi el contrario del esperado: salvo en
el trastorno bipolar, las personas con trastornos psiquiátricos no estaban más
presentes en profesiones creativas que el resto de la población. Quienes sí lo
estaban eran sus hermanos y sus padres sanos. Eso es lo que da sentido a esta
relación, parece que una parte de esa herencia, sin llegar a producir la
enfermedad, puede acompañarse de una manera de pensar más original”, describe.
“La enfermedad no es el motor de la creatividad. Es, si acaso, el precio
que paga una minoría dentro de esas familias”, agrega.
En cuanto a qué patologías de salud mental se asocian
más a la creatividad o a un nivel de inteligencia muy alto, Ramos explica
que la más consistente es el trastorno bipolar, aunque la creatividad se
asocia a los rasgos del espectro, a la forma de pensar más asociativa y menos
convencional, no al trastorno establecido, que se acompaña de dificultades
cognitivas importantes.
El especialista en Psiquiatría y Salud Mental especifica
que sobre el TDAH conviene hacer un matiz importante, porque es donde más se
distorsiona el mensaje. “Es verdad que se asocia a mayor facilidad para generar
ideas originales. Pero la creatividad que deja huella no es solo tener
ideas: es sostenerlas, desarrollarlas y terminarlas. Y ahí el TDAH sin
tratar puede ser un obstáculo, no una ventaja”, apuntala.
Por último, Ramos pone el foco en aclarar que el mito
del genio atormentado tiene un coste clínico real. “Alimenta la idea de que
tratarse apaga la creatividad, y eso lleva a personas a abandonar el
tratamiento. No hay datos que respalden ese temor, y sí muchos sobre lo que
ocurre cuando un trastorno bipolar o una esquizofrenia quedan sin tratar: una
reducción de entre 10 y 20 años en la esperanza de vida”, argumenta.
“La creatividad no es una compensación por enfermar. Es
algo que la mayoría de las personas que viven con trastornos mentales puede
desarrollar mejor cuando está estable”, sentencia.
Fuente: https://cuidateplus.marca.com/


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