La llegada de internet no solo ha propiciado un aumento en la comunicación de persona a persona y de grupos, sino que ha venido a facilitarle a los menos sociables la manera de abrirse al mundo sin la necesidad de exponerse físicamente. Cara a cara.Una vía por donde expresar sus inquietudes sin ser vistos. Una forma “resguardada” de darse.
Esta facilidad ha devenido en relaciones virtuales favorables, algunas veces, riesgosas, otras tantas.
El flirteo cibernético es más riesgoso aun que el de cara a cara. Ya que para todo ser humano es más fácil decir cosas en internet que decirlas en persona. En línea, las cosas se mueven a una velocidad impresionante. En la era “preinternet”, para un muchacho llegar al punto de decirle a una muchacha que sentía atracción por ella se podía demorar días, si no semanas, y quizás meses (si era muy “lento”).
En internet, las conversaciones entre extraños por lo regular comienzan con un “me gusta”. La vida amorosa en línea corre a la velocidad de la luz y esto es extremadamente peligroso. Hay casos en los que parejas que se conocieron en línea, han llegado a jurarse amor eterno sin haberse visto en persona.
El flirteo cibernético es tan riesgoso y tan comprometedor como el que se pueda sostener en la realidad.
Y es que mientras el mundo de los negocios se ha facilitado y beneficiado enormemente con la llegada del internet y la revolución tecnológica, el de las relaciones personales, sentimentales, las de parejas estables, se ha complicado un poco. El riesgo está en todas partes incluso dentro de nuestros dormitorios. No hay privacidad ni horas.
Las redes sociales han venido a propiciar encuentros virtuales que por fugaces y furtivos que sean han generado una complicidad que afecta a terceros. Personas con parejas “reales” se relacionan virtualmente creando afectos no solo de amistad. Hay quienes entienden que lo que se realiza de manera virtual “no cuenta”. Pero esa complicidad virtual ha devenido en encuentros reales. Se concreta, toma forma, se hace real.
Un estudio reciente de la Universidad de Nevada, Estados Unidos, demostró que una infidelidad virtual resulta tan dolorosa como una física aunque muchos terapeutas familiares todavía no le dan ese carácter.
Las vivencias virtuales, por fascinantes que sean, suelen ser fugaces, sin embargo sus protagonistas tienden a idealizarlas.
Mientras la complicidad que se genera a partir de un chat no trascienda a lo “real”, no afecte a terceros, podría no ser considerada como algo serio. Pero esto nadie lo puede garantizar.
Muchas parejas que hoy tienen relaciones estables se conocieron a través de un chateo.
El flirteo cibernético es tan riesgoso y tan comprometedor como el que se pueda sostener en la realidad. La complicidad que se genera y la dependencia que crean esas vivencias virtuales son muy fuertes, llegando a constituirse en una necesidad para quienes las experimentan. El alcance de lo virtual es inconmensurable. Puede llegar a cualquier lugar y hora, no importa los kilómetros que separen a una persona de la otra.
Según expertos en terapia de pareja, esos “desahogos” cibernéticos suelen darse por el vacío que arrastra la convivencia diaria porque el desgaste que genera lo rutinario casi siempre se lleva todo por delante.
Entonces se busca la novedad, a modo de entretención, en principio, y luego se va generando una atracción que termina en encuentros furtivos pero muy reales, ya no cibernéticos.
Stafford Beer, filosofo de la teoría organizacional y gerencial, define la cibernética como “la ciencia de la organización efectiva”, a lo que yo le agrego “y afectiva” también.
La cibernética juega un papel fundamental en la revolución tecnológica que vivimos. Pero en el mundo cibernético la privacidad es relativa y no todo el mundo sabe manejarla. ¡Ojo! Alguien una vez se pregunto cómo se dicen los secretos por esta vía, ¡sencillamente, NO se dicen!
El doctor Bernie Hogan, del Oxford Internet Institute, dice que las redes sociales no solo dañan una relación cuando se utilizan para ser infiel sino que también se consideran nocivas cuando una pareja casada (o comprometida) usa estas plataformas como medio de comunicación.
Hogan, quien entrevistó a más de tres mil parejas, explica que encontró que las que utilizan redes sociales en línea para enviarse mensajes románticos, tienen niveles de satisfacción más bajos que aquellas que llevan relaciones convencionales.
Utilizar los medios sociales y la tecnología para decirle a nuestra pareja que la queremos o que nos hace falta, es saludable. Lo peligroso es cuando abusamos de estos medios para comunicarnos con nuestra media naranja por temor a desconectarnos de nuestros teléfonos o laptops. Ahí, según Hogan, radica el problema.
Como siempre, todo dependerá del uso que les demos a las cosas, en este caso a los avances tecnológicos. Los extremos nunca han sido buenos.
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