En una dieta sana y equilibrada tienen cabida tanto las proteínas de origen vegetal como las de procedencia animal. La clave está tomarlas en su justa medida. Muchas veces el problema no está en el tipo de proteínas de un alimento, sino en otros componentes que contiene.
¿Son mejores las proteínas vegetales o las animales? En realidad, se trata de un falso debate. Un estudio reciente confirma que no tiene sentido demonizar ninguno de los dos tipos, especialmente el segundo, ya que el consumo de proteína animal se relaciona con una menor mortalidad cardiovascular y por cualquier causa en adultos de 65 años. Los resultados han sido publicados por un equipo de investigadores del Grupo de Biomarcadores y metabolómica Nutricional y Alimentaria de la Universidad de Barcelona y del área CIBER de Fragilidad y Envejecimiento Saludable (Ciberfes), encabezado por Cristina Andrés-Lacueva, en la revista The Journals of Gerontology.
Los autores
del trabajo creen que este efecto protector podría deberse a los efectos de las
proteínas animales en el aumento de la fuerza muscular y la disminución de la
fragilidad. No obstante, precisan que en el estudio no fue posible determinar
si los beneficios se debían a la calidad proteica o al mayor contenido de
proteína de los alimentos de origen animal.
Una alimentación saludable debe incluir
una cantidad suficiente de proteínas, que pueden ser tanto de origen vegetal
como animal. Cada tipo aporta beneficios diferentes y ambos pueden
formar parte de una dieta equilibrada. No obstante, un consumo excesivo
de proteína animal puede resultar perjudicial para la salud. Pero
¡ojo!: el problema no está tanto en la proteína como en la carne que la
contiene. Es más, las proteínas de origen animal se consideran de alto
valor biológico.
En
poblaciones como la estadounidense se hacen patentes los efectos de un consumo
excesivo de carne en detrimento de frutas, verduras y legumbres. La pérdida del
patrón de la dieta mediterránea en países como
España sigue esa misma tendencia. Caridad Gimeno Uribes, profesora del Grado en
Nutrición Humana y Dietética de la Universidad CEU Cardenal Herrera Herrera,
explica que los alimentos de origen animal “presentan mayor cantidad de grasa saturada y colesterol perjudicial para la salud
cardiovascular -a excepción del pescado azul-, al contrario que los
vegetales, que se relacionan con un efecto cardioprotector por su contenido en
grasas insaturadas, antioxidantes y fibra”.
Valor
biológico y concentración proteica
La experta
en nutrición insiste en que no hay que demonizar ningún tipo de proteína, sino
consumirlas en su justa medida. Las proteínas son macromoléculas que están
formadas por aminoácidos. Estos aminoácidos pueden
ser no esenciales (el organismo es capaz de sintetizarlos)
o esenciales (el organismo no es capaz de sintetizarlos y, por
lo tanto, solo se pueden obtener por medio de la dieta). “Por ello, la calidad
de la proteína viene dada en función de la presencia de aminoácidos
esenciales y su capacidad para absorberse. Esto también se denomina
valor biológico”, señala Gimeno.
La
diferencia más significativa entre ambas clases proteínas es que las de origen
animal presentan un alto valor biológico, al contrario que la mayoría de las
proteínas de origen vegetal. Esta diferencia podría suplirse si se combinan con
distintos alimentos (complementación proteica). “Sin embargo, las
proteínas de origen animal contienen además las vitaminas del grupo B,
A y K, siendo la vitamina B12 la única que no se puede
obtener a partir de vegetales”.
Otra
diferencia destacable es la concentración proteica, superior en las
proteínas de origen animal frente a las de origen vegetal. “Tampoco hay que
olvidar que el coste medioambiental es mucho más elevado en la
producción de alimentos proteicos de origen animal que los de origen vegetal”,
matiza Gimeno.
Raciones
y cantidad diaria recomendada
Cada
individuo debe considerar la porción que puede consumir, que en las personas
sanas variará en función del gasto energético que, a su vez,
depende de la edad, el sexo, el peso y la talla y el gasto ocasionado por
factores como la actividad física o determinadas patologías.
Estas serían
las raciones estándar de los alimentos ricos en proteínas:
- Legumbres: 60-80 gramos.
- Carnes o pescados: 100-150 gramos.
- Huevos: 2 unidades.
- Frutos secos: 30 gramos.
La profesora
del CEU indica que una dieta variada y equilibrada debe combinar tanto proteína
vegetal como animal y las guías actuales “consideran que las proteínas deben
aportar un 15% de la energía diaria, siendo un 50-70% de alto valor
biológico”.
Las
recomendaciones diarias de proteínas serían, aproximadamente, las siguientes:
- Lactantes (0-1 años): 15 gramos
(1,6-2,2 g/Kg).
- Preescolares (1-6 años): 26 gramos (1,2
g/Kg).
- Escolares (6-11 años): 26 gramos
(1g/Kg).
- Adolescentes (11-18 años): 45 gramos (1g/Kg).
- Adultos (>18 años): 55
gramos.
- Ancianos: 54 gramos (0,8 g/Kg).
- Embarazadas: 75 gramos.
- Deportistas de resistencia: 95 gramos (1,2-1,4 g/Kg).
- Deportistas de fuerza: 115 gramos (1,7-1,8 g/Kg).
Cómo
evitar el exceso de proteína animal
El consumo
excesivo de proteínas de origen animal en las sociedades desarrolladas se debe
sobre todo, según Gimeno, “a que, normalmente, las raciones de carne y pescado
son de mayor tamaño del que deberíamos consumir. Los filetes
comercializados son más grandes de lo que necesitamos y, además, el
número de raciones semanales en la dieta estándar de un adulto también se
encuentra incrementado”.
Varios
estudios observacionales ofrecen pistas sobre las posibles consecuencias de
este aumento de la cantidad de proteína animal en la dieta. En ellos se ha
relacionado el consumo de carne roja con un mayor riesgo
de enfermedad cardiaca, accidente cerebrovascular
o ictus y muerte prematura. Sin embargo,
advierte la nutricionista, “otras investigaciones posteriores sugieren que el
problema se deriva de la carne procesada” y, en concreto, la
cantidad de grasa saturada y colesterol presente en ella, que ha llevado a
relacionarla “con trastornos cardiovasculares, obesidad, alteraciones renales y
hepáticas y problemas de asimilación del calcio”. En cambio, estos
riesgos no se han relacionado con el consumo de pescado y otras carnes blancas,
como el pavo y el pollo.
Estos son
algunos consejos para un consumo adecuado y equilibrado:
- Proteínas de origen animal: disminuir las raciones
semanales y adecuarlas a las cantidades que se necesitan.
- Proteínas de origen vegetal: consumir conjuntamente las
legumbres y los cereales para conseguir una suplementación proteica y, de
este modo, obtener proteínas de mayor calidad.
“Lo más
importante es llevar una dieta sana y equilibrada, combinando alimentos de los
distintos grupos y variando a su vez los de un grupo determinado. De esta
forma, se asegura la obtención de todos los nutrientes necesarios para
realizar las distintas funciones del organismo”, concluye Gimeno.
Fuente: https://cuidateplus.marca.com/


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